Miércoles, 06 Abril 2016 14:13

VER CON LOS OIDOS. POÉTICA DE LAS TEMPORALIDADES

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Ver con los Oídos. Poéticas de las temporalidades

 

Curador de la Bienal: Joaquín Sánchez.

 

 

Ver con los Oídos, es volver la mirada hacia el interior y redefinirnos a partir de las características particulares del entramado cultural de pertenencia. Esto implica, un escuchar la simultaneidad de temporalidades sumergidas en los estratos históricos y producir un arte contemporáneo que responda a nuestras interrogantes y explore los diferentes tiempos que existen en el tiempo.

 

 

“Ver con los Oídos. Poéticas de las temporalidades”, anima aquello que proviene de la oscuridad primigenia de nuestro ser.

La palabra emerge precisamente en este lugar de luces y sombras, apariencias y realidades. La palabra, como estrofa de lluvia o el canto del colibrí, es un universo que siente a través de un pensamiento.

 

El ritual da significado a la palabra y nos permite imaginar lo narrado. El arte de vivir es el arte de hacerse palabra a través del ritual. Ese rito que nos lleva de un estado a otro, del mundo material a un mundo espiritual que escapa de cualquier elemento corpóreo.

 

Si el tiempo es un estado mental y no una condición que condena el cuerpo, Ver con los Oídos, es mirar desde este otro lugar. Es una invitación a habitar los cristales de tiempos dentro del tiempo, confrontando simultaneidades y formas de otras temporalidades.

 

Ver con los Oídos, es volver la mirada hacia el interior y redefinirnos a partir de las características particulares del entramado cultural de pertenencia. Esto implica, un escuchar la simultaneidad de temporalidades sumergidas en los estratos históricos y producir un arte contemporáneo que responda a nuestras interrogantes y explore los diferentes tiempos que existen en el tiempo.

 

Tres ejes guían el recorrido de la IX Bienal SIART:

 

 

1. CUERPO: piel señalada, diferencias

 

Solo se puede hablar desde lo que le pasa a uno, desde la profundidad de nuestra propia piel.

 

El cuerpo es una frontera entre lo que conocemos y lo que desconocemos entre lo posible y lo imposible, entre lo que somos y lo queimaginamos ser. Pero el cuerpo es también la sede de la identidad primaria, individual y la de grupo. El cuerpo como lugar de rito en la transformación física del ser humano, impuesta o voluntaria, es la escena misma donde comienza el tiempo sin tiempo.

 

Antes de existir la tierra y en medio de las oscuridades primigenias se creó la palabra para ser escuchada.

 

El cuerpo es un territorio cargado de implicaciones estéticas y políticas donde se han trazado los caminos del lenguaje. La imagen cuerpo es un vehículo para expresar los conflictos contemporáneos sobre costumbres sociales, las condiciones raciales y las expresiones de la sexualidad. Comprender el cuerpo como una construcción sujeta a las restricciones de la ley, la política y la religión, es entender la desaparición o la ausencia del propio cuerpo.

 

2. COMUNIDADES: desplazamientos, más allá del paisaje

 

Caminar, marchar, bailar de los pueblos a las ciudades. Todos los pensamientos verdaderamente grandes son concebidos caminando.

 

La mirada a las comunidades, su realidad y su propio tiempo explora no solo la noción de identidad comunitaria, sino también como ésta se va reconfigurando y adquiriendo nuevas dinámicas en contextos desestabilizados, permitiéndonos explorar de una forma diferente en

lo individual.

 

Los desplazamientos y las migraciones reconfiguran constantemente las ciudades, dando lugar a nuevas comunidades. En estas contemporaneidades coexisten lógicas aparentemente antagónicas que originan enigmáticas y fronterizas formas de existir, comprensibles sólo a partir de “otras” temporalidades, permitiendo en un sentido metafórico y utópico la posibilidad de ruralizar las ciudades.

 

3. ESCRIBIR Y RE ESCRIBIR: momentos y memorias

 

Relatos que migran

 

Para la mirada evolucionista de la historia, es fundamental lo que se decide recordar así como lo que se elige olvidar. Esta construcción de la memoria colectiva determina la forma en como miramos y existimos en el mundo.

 

Pero existe otra forma de conservar la memoria a través de pequeños relatos que migran hacia los relatos colectivos. Borrar para reescribir y destejer para volver a tejer y cambiar el inicio o el final de las historias. Abrir algo sellado para re-significarlo. Transformar un mito que desaparece para convertirlo en un soporte, en un palimpsesto que retiene las huellas de la escritura original.

 

El narrador convoca la palabra para mantenerla viva y para reinventar el mito. El valor del mito radica en que no sólo ha de ser contado, sino visto y oído, llevándonos por los espejismos de nuevas realidades a veces distantes.

 

La obra/escritura constituye un punto de fuga que revela el alma de las culturas donde el sentimiento de la palabra se reduce a su carne.

 

 

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